DDD
Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico al portugués, adaptación del Libro Rojo de Fernando A. Navarro.
El mejor diccionario de traducción médica del mercado.
Imprescindible para cualquier profesional del lenguaje médico.
Miles de soluciones a frecuentes problemas terminológicos.
Conversores automáticos de unidades de temperatura, longitud, peso y resultados analíticos.
Prólogo a la 4ª edición (2022)
Fernando A. Navarro
Ya desde los primeros contactos con McGraw-Hill·Interamericana para presentar mi proyecto de un diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina, allá por el año 1999, expresé la conveniencia de editar el diccionario de dudas también en disco óptico compacto, pues las obras de referencia eran ya entonces impensables si uno no podía trabajar con ellas en soporte informático. Los editores, no obstante, optaron por dejar en suspenso la publicación de una edición electrónica ante el riesgo —ayer como hoy ciertamente innegable— de pirateo indiscriminado de la obra. De modo que el mío tuvo que conformarse con ser, durante demasiado tiempo, un diccionario a la antigua usanza.
Catorce años después, me siento muy satisfecho de poder ofrecer a médicos, traductores especializados, redactores científicos y estudiantes de traducción una nueva edición de mi diccionario médico, ahora ya por fin en formato electrónico de consulta en línea. A las ventajas bien conocidas de la edición electrónica (rapidez de búsqueda, remisiones por hipervínculo, traducción inversa de español a inglés, rastreabilidad del contenido íntegro de cualquier entrada, etc.), el acceso en línea permite sumar otras como la consulta del diccionario desde cualquier punto de acceso a Internet y la posibilidad de actualizar de forma constante el diccionario.
El salto del papel a la nube es de tal magnitud, que he considerado conveniente rebautizar incluso el diccionario. Si en las dos primeras ediciones el «libro rojo» llevaba por título Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina (2000 y 2005), en esta tercera pasa a llamarse Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico (2013). No quiere ello decir, sin embargo, que la estructura interna de la obra haya variado de forma sustancial: la planta lexicográfica del diccionario sigue siendo básicamente idéntica a la de la primera edición. Buena prueba de ello es que, para presentar el diccionario al lector cosnáutico que llegue a él ahora por primera vez, me ha bastado con reproducir, íntegra y sin apenas cambios de relieve, la introducción original a la primera edición (v. más adelante). Quien esté habituado a manejar cualquiera de las dos primeras ediciones del Diccionario crítico de dudas, pues, puede pasar a consultar y utilizar directamente esta tercera sin necesidad de memorizar previamente nuevos símbolos ni convenciones tipográficas.
Sí advertirá, desde luego, otros cambios. Por ejemplo, en el modo de consulta, que antes se hacía por orden alfabético y pasando las hojas de papel hacia delante o hacia atrás para seguir las remisiones, mientras que ahora se hace tecleando directamente el término consultado en la ventana de búsqueda y con un simple clic de ratón para seguir las remisiones.
Advertirá también que la incorporación del color para destacar en la pantalla el lema, los numerales de acepción, las remisiones y la marca de apartado de observaciones, me ha permitido hacer un uso mucho más claro de los recursos tipográficos; por ejemplo, al quedar libre la negrita para resaltar las traducciones de mayor interés o mediante el recurso al *entreasteriscado* y al tachado (siguiendo en este último caso la estela del Diccionario de términos médicos [2011] de la Real Academia Nacional de Medicina) para marcar distintos grados de rechazo e incorrección.
Aun a sabiendas de que no es tarea fácil, he seguido esforzándome por rebajar en lo posible el tono dogmático del diccionario en esta tercera edición, porque el afán de concisión, que obliga a exponer en pocas líneas problemas traductológicos que podrían ocupar muchas páginas, lleva siempre consigo el riesgo del dogmatismo. Fiel a la sabia recomendación de Ortega y Gasset, «siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñes», que hice mía desde que concebí este diccionario médico, no oculto al lector en ningún caso mis preferencias de traducción, pero procuro exponer al mismo tiempo el criterio académico, la forma más usada entre médicos, las recomendaciones de las nomenclaturas normalizadas, la tradición terminológica en lengua española, los criterios etimológicos pertinentes y la analogía con otros términos afines. Todo ello con la esperanza de que la información que ofrezco le sea de alguna utilidad a la hora de decidir —él por sí mismo y no yo a través de él— cuál es, en función de su texto concreto y de su situación personal, la opción más adecuada de traducción. Yo veo mi diccionario, por encima de todo, como una ayuda de traductor a traductor, como una especie de asesoramiento informal o charla distendida entre colegas. Y escribo con la idea de que, veterano o novato, el traductor que habrá de leerme tiene, como yo, no en el diccionario, sino en la inteligencia y en el sentido común, sus principales utensilios de trabajo. No busco con este diccionario convencer de nada a nadie, sino tan solo poner mis conocimientos y mi experiencia a disposición de mis colegas médicos y traductores, con el propósito de que se sirvan de ellos para mejorar profesionalmente y alcanzar la satisfacción legítima de la traducción científica bien hecha.
Esta versión electrónica del Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico corresponde a una nueva edición revisada, mejorada y muy aumentada. Con respecto a la segunda edición, acid-fast, add-on therapy, amplatzer, anisakis, annulation, appy, attending, bareback sex, Big Pharma, binge drinking, biogeneric, blunt, breathalyzer, BTC drug, carry over, chaperone, chemical pregnancy, chemonaive, club, concierge medicine, didactic, disease mongering, droptainer, drug-eluting stent, echolocation, ex novo, expanded access, first-hour quintet, forest plot, gamification, ghrelin, grant, grommet, hamstring, high-ceiling diuretics, hot flush, human medicine, junk food, lab-on-a-chip, lap, leakage, locavore, lost to follow-up, luer lock, machine, mindfulness, mourning, multiple, to need, nonvertebral fracture, orthorexia, patch clamp, perfusate, pouch, pregnancy loss, premetabolic syndrome, rare disease, readability, recall, Red Crystal, resurfacing, ritalin, schedule, sexting, sibship, signaling, small molecule, smokeless tobacco, spa, spike, spot, standard drink, statutory, subcentimeter, surrogate mother, system organ class, targeted, tiger mosquito, toddler, tooth numbering, trainee, translational research, transthyretin, to tube-feed, vocational training, wear, webinar, wilderness medicine, workup y yellow flag son solo algunos de los millares de artículos principales incorporados en esta tercera edición. Me llena de orgullo el hecho de que buen número de ellos aparezcan registrados ahora por vez primera en una obra lexicográfica en lengua española; no pocos, incluso, por vez primera en la lexicografía especializada internacional.
Y la ampliación de contenido no se limita a la adición de nuevas entradas o artículos. Muchos de los artículos que tenían ya entrada propia en la segunda edición aparecen ahora comentados con mayor detalle. Compare el lector en ambas ediciones, a modo de ejemplo, los artículos correspondientes a términos como aggressive, auditory nerve, bar chart, bay, BC, biologicals, blood alcohol, breath alcohol test, °C, capture, carrier, charge, chart, chikungunya, clavus, clinical pathology, counseling, criminal, -cytic, death, dipping, district nurse, driving while intoxicated, to empower, ex-, finally, foul, height, hematinic, ICH, international normalized ratio, intestinal obstruction, to irradiate, judgment, kinky, local, mg%, -olimus, operator, PD, pulp, pump, to qualify, smart drugs, social worker, to socialize, ST, survival, three Rs, toilet water o veil, y entenderá mejor lo que quiero decir.
Las más de 52.000 remisiones clicables que trufan la obra (en la primera edición eran poco más de 15.000) habrán de servir al lector para utilizar el diccionario como un conjunto homogéneo y extraer el máximo partido didáctico y profesional de cada búsqueda. Al hacerlo, además, percibirá la coherencia interna y la uniformidad de criterio que solo la autoría única permite conseguir en una obra de estas características y de esta envergadura.
Y llego así a la cuestión, insoslayable, de la variación diatópica del español. Cuando publiqué la primera edición del «libro rojo» no había pisado nunca la América hispana; del Nuevo Continente únicamente conocía los Estados Unidos. Así, no es de extrañar que en esa primera edición dedicara atención considerable a las diferencias existentes entre el inglés británico y el inglés norteamericano, pero en relación con el español reflejara casi exclusivamente el lenguaje médico empleado en las facultades, hospitales y consultorios de España. Era esta, creo, una de las principales lagunas de mi diccionario, y también una de las primeras que los lectores de América me señalaron con insistencia.
La segunda edición fue en este aspecto notablemente distinta. Seguía siendo obvio que el diccionario estaba escrito en España y desde la perspectiva de quien tiene el español europeo como lengua materna y contempla la comunidad médica hispanohablante como un todo. Pero los peach-flavored tablets no eran ya solo comprimidos con sabor a melocotón, sino también con sabor a durazno. El animalario compartía lugar con el bioterio; las placas de Petri, con las cajas de Petri; el frigorífico, con la refrigeradora y con la heladera; los datos fiables, con los datos confiables; el biberón, con la mamadera; el hormigón, con el concreto, y los accidentes de tráfico, con los accidentes de tránsito. En la segunda edición, pues, socorrista y salvavidas, beber y tomar, conducir y manejar, recuento y conteo, inversor e inversionista, mantequilla de cacahuete y manteca de maní, daban fe de que es plenamente compatible la unidad básica del idioma con el reconocimiento de sus variedades internas.
En la tercera edición, esta mayor atención prestada a las variedades americanas del español será todavía mucho más evidente. El lector deseoso de comprobarlo por sí mismo puede echar una ojeada, por ejemplo a entradas como band-aid, bikini, bleach, booties, brassiere, breast pump, capitation, cartoon, chance, computer, concrete, constipation, contact lens, cost, cream, croissant, cutter, decimal point, dental technician, denture, diesel, donut, dummy, dynamo, earrings, elevator, epidural anesthesia, GDP, grocery, Guinea pig, hair-band, hangover, heel, highchair, hot flush, icon, insulin pen, intensive care unit, jersey, juice, junk food, lemon, lifeguard, lollipop, mammagraphy, marijuana, marker, mask, mat, medical device, mosquito net, notifiable disease, number sign, oxygen tank, pacifier, panties, panty liner, parole, peanut, pertussis, Petri dish, petrol, plaster, prescription, pus, pyjamas, refrigerator, sanitary towel, sauna, -scopy, soya, spectacles, stapler, stethoscope, teether, tin loaf, tongue depressor, traffic, truant, tub, umpteen, unemployment, varicose veins, VAT, white coat y zipper. Quiero creer que mis colegas de América percibirán en este aspecto una diferencia considerable con respecto a la primera edición de mi diccionario.
Tres factores principales han contribuido a este importante cambio de planteamiento entre la primera edición y la tercera: a) a partir del año 2001, he visitado repetidamente varios países hispanoamericanos (la Argentina, por ejemplo, en cinco ocasiones), y en todas partes me pedían que para la segunda edición, por favor, prestara más atención al léxico local y a las variedades diatópicas del español; b) el desarrollo espectacular de Google, que nos brinda la posibilidad de efectuar búsquedas fiables con criterios de limitación geográfica, y c) la correspondencia epistolar con traductores médicos y usuarios del diccionario en distintos países de Hispanoamérica.
Introducción (2000)
Fernando A. Navarro
Otra cosa no sé, pero lo que es diccionarios —tanto generales como especializados—, tenemos los traductores para dar y tomar. Ante tamaña abundancia de diccionarios unilingües, bilingües y multilingües, imagino fácilmente la extrañeza y el escepticismo del lector ante la publicación de este Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina†:
—Pero cómo, ¿otro diccionario más? ¡Y encima con un título tan raro!
Intentaré aprovechar esta introducción para demostrar no solo que un diccionario como este era necesario —«viene a llenar un hueco en la bibliografía», supongo que diría algún crítico retórico—, sino que además tenía por fuerza que llamarse así; que su título, con todo lo extraño y rebuscado que pueda de entrada parecer, no es en modo alguno el fruto de una mente calenturienta ni el resultado de una venada más o menos pasajera. Veamos uno a uno los términos que lo integran.
* Esta «Introducción» es reproducción literal de la publicada en la primera edición, con algunas variaciones mínimas para adaptar este texto introductorio a los cambios tipográficos y de formato de la tercera edición.
† Este fue el título de la obra en sus dos primeras ediciones (Madrid: McGraw·Hill-Interamericana, 2000 y 2005); para la edición electrónica de Cosnautas (2013), he optado por cambiarlo a Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico, y esta es la forma que usaré en adelante para cualquier mención a él en esta introducción.
¿Por qué otro diccionario?
Diccionarios de todo tipo hay en las librerías ciento y la madre; muchos de ellos verdaderamente gruesos y de abundante contenido, como sucede en especial con los de medicina, que con frecuencia llegan a sobrepasar las cien mil entradas.
En efecto, lo primero que llama la atención a quien por vez primera se acerca como traductor a un texto médico es la extraordinaria riqueza del vocabulario. Probablemente en ninguna otra modalidad de traducción especializada pueda uno encontrarse tantas palabras nuevas. En cada página, en cada texto, hallamos un buen puñado de términos y expresiones que incluso las personas cultas ignoran: antiparkinsonian, glomerulonephritis, hepatocystoduodenostomy, hexachlorocyclohexane, keratoconjunctivitis, leukoerythroblastosis, onychotillomania, pneumoencephalography, pyelonephrolithotomy, sphenopalatine, thrombocytoagglutination, uteroenteroanastomosis. Ocurre, no obstante, que el lenguaje médico, como todo lenguaje científico, pretende ser básicamente internacional, lo que resulta ideal para el traductor. De hecho, es sabido que gran parte de los términos médicos son vocablos procedentes de las lenguas clásicas o neologismos creados a partir de raíces, prefijos o sufijos de origen grecolatino y comunes a los principales idiomas europeos. En el caso de las rebuscadas palabras inglesas que unas líneas más arriba he traído como ejemplo, cualquier traductor médico con una mínima experiencia sabría traducirlas sin dudar, aun cuando nunca antes las hubiera oído, por sus respectivos equivalentes españoles: ‘antiparkinsoniano’, ‘glomerulonefritis’, ‘hepatocistoduodenostomía’, ‘hexaclorociclohexano’, ‘queratoconjuntivitis’, ‘leucoeritroblastosis’, ‘onicotilomanía’, ‘neumoencefalografía’, ‘pielonefrolitotomía’, ‘esfenopalatino’, ‘trombocitoaglutinación’ y ‘uteroenteroanastomosis’. Pues bien, palabras como estas, que un médico o un traductor nunca iría a consultar en un diccionario —¿a quién se le ocurriría buscar la traducción de electrocardiogram en un diccionario bilingüe?—, son las que abarrotan, hasta extremos inverosímiles, los diccionarios médicos al uso. Estos recogen por decenas de miles tecnicismos como los comentados, que a pesar de su innegable complejidad aparente nunca es necesario ir a buscar al diccionario médico. En cambio, cuando el traductor encuentra algún vocablo inglés que plantea la más mínima dificultad y acude a esos mismos diccionarios, o no está recogido, o aparece incorrectamente traducido, o no se ofrecen algunas de sus múltiples acepciones.
¿Por qué un diccionario de dudas?
Que lo diga, si no, quien se enfrenta como traductor a la siguiente frase: Anthrax is an infectious animal disease that is transmitted to veterinarians by contact with animals. Buen sabedor de que el lenguaje médico es básicamente internacional y se basa en gran medida en las lenguas clásicas, nuestro hipotético traductor sospechará ya de entrada que el inglés anthrax muy bien pudiera corresponder en castellano a ‘ántrax’, aunque nunca haya oído ninguno de estos dos tecnicismos ni sepa qué significan. Y los diccionarios médicos bilingües le confirmarán en esa suposición, cuando lo cierto es que nada hay más falso, porque lo que los médicos de habla inglesa llaman anthrax corresponde a lo que nosotros llamamos ‘carbunco’; y viceversa, nuestro ‘ántrax’ corresponde al carbuncle inglés. Ambas enfermedades infecciosas producen lesiones cutáneas y comparten parecido origen etimológico (del griego ἄνθραξ, ‘carbón’, la una; del latín carbunculus, ‘carboncillo’, la otra), pero presentan entre sí importantes diferencias tanto en cuanto a las bacterias causales (Bacillus anthracis en el caso del carbunco; estafilococos en el caso del ántrax) como en su pronóstico y tratamiento.
Situaciones como esta son las que pretende resolver el presente Diccionario de dudas y dificultades. Si consultamos la entrada correspondiente a anthrax, que nos servirá para describir una entrada típica de este diccionario, encontraremos lo siguiente:
Inmediatamente después del lema que abre la entrada hallamos, entre corchetes, una abreviatura que delimita el campo específico de que se trata; en este caso, «microbiología, parasitología y enfermedades infecciosas» (el significado de estas abreviaturas se explica en la clave correspondiente). A continuación, el cuerpo del artículo informa de la traducción correcta y añade un breve comentario sobre la diferencia entre ‘ántrax’ y ‘carbunco’. El símbolo ◘ señala una frase inglesa que precisa el uso y el sentido de la palabra comentada dentro de un contexto más amplio. El símbolo ● da paso a una serie de expresiones complejas de traducción difícil o engañosa de las que forma parte el lema, recogidas por orden alfabético. Y el símbolo ►►, por último, da paso a diversas observaciones de uso en relación con la tradución de anthrax. Para facilitar la localización de todas las expresiones en el diccionario, las locuciones que incorporan el lema tienen entrada propia; de ese modo, si alguien busca en el diccionario, por ejemplo, la traducción correcta de inhalational anthrax encontrará lo siguiente:
El símbolo → remite a la entrada anthrax, donde tras el símbolo ● se encontrará la expresión buscada: inhalational anthrax (carbuncosis pulmonar). Este mismo símbolo de remisión → seguido de un vocablo en color turquesa se usa también para indicar que la traducción de una palabra se explica en una entrada totalmente distinta, como en el caso de virilizing → masculinization, que indica que los problemas de traducción planteados por la palabra inglesa virilizing se comentan en la entrada correspondiente a masculinization.
Pero las dudas a que hago referencia en el título de mi diccionario no se limitan a lo que los traductores llaman ‘palabras traidoras’ o ‘falsos amigos’ (faux amis); es decir, palabras de ortografía muy similar o idéntica en inglés y español, pero con significados diferentes en ambos idiomas, como physic (que no es ‘física’, sino ‘medicina’), plague (que no es ‘plaga’, sino ‘peste bubónica’), labor (que no es ‘labor’, sino ‘parto’) o matron (que no es ‘matrona’, sino ‘directora de enfermería’). Fuente permanente de dudas para los traductores son, además, los anglicismos como rash, odds ratio, immunoblot, piercing, stent, distress o by-pass, para los que supuestamente no existe equivalente en español.
En traducción puede suceder también que la fuerza del texto impreso original nos induzca a utilizar en castellano una expresión que, sin ser propiamente incorrecta, resulte chocante por lo insólito de su uso. Veámoslo con un ejemplo tomado del lenguaje común: ¿qué pensaríamos si alguien tradujera information technology o computer science por ‘tecnología de la información’ o ‘ciencia de las computadoras’? Claro está que estas expresiones no son incorrectas; pero no menos claro es que en España, fuera de las traducciones descuidadas, todo el mundo llama ‘informática’ a la ciencia de las computadoras. Pues igual sucede en medicina con expresiones como human milk (leche materna, mejor que ‘leche humana’), weight loss (adelgazamiento, mejor que ‘pérdida de peso’), high blood pressure (hipertensión arterial, mejor que ‘presión sanguínea alta’) o liver cell (hepatocito, mejor que ‘célula hepática’).
Un problema en cierto modo relacionado con lo comentado en el párrafo anterior plantean las palabras inglesas polisémicas. Como muchas de ellas tienen un equivalente similar en español, el traductor echa una y otra vez mano de él, sin darse cuenta de que puede ser perfectamente correcto para traducir una de sus acepciones, pero no todas las demás. Así, el inglés knife puede significar ‘cuchillo’, pero en cirugía se emplea preferentemente con el sentido de ‘bisturí’; y la cosa se complica con palabras como abuse o examination, que podemos encontrar con significados muy distintos: child abuse (malos tratos a menores), spousal abuse (violencia conyugal), alcohol abuse (alcoholismo), heroin abuser (heroinómano), self-abuse (automutilación, autolesión o masturbación, según el contexto); clinical examination (exploración física), fundus examination (oftalmoscopia), pelvic examination (tacto vaginal), postmortem examination (necropsia, autopsia), ultrasound examination (ecografía). En estos casos, el diccionario de dudas distingue las distintas acepciones de una misma entrada con los números 1, 2, 3, etc. en color turquesa, como en el siguiente ejemplo:
Podemos comprobar de nuevo, por cierto, que la traducción simplista ‘ligamento anular’ que encontramos en los diccionarios médicos al uso puede quizás ser muy cómoda, pero se le queda al traductor médico francamente corta.
Conviene precisar de antemano, creo, que el concepto de ‘duda’ no equivale en esta obra al que le damos en el lenguaje corriente. Este diccionario no pretende recoger, por supuesto, todas las dudas que un traductor médico pueda hallar en el ejercicio de su labor. Cuando se enfrenta a un texto médico escrito en inglés, es muy posible que el traductor ignore el significado de muchísimas palabras. Considero, en cualquier caso, que estas palabras no constituyen una amenaza importante, pues su propia aparente dificultad inducirá al traductor a consultar los diccionarios o los libros de la especialidad con el fin de esclarecer su significado. El peligro más grave lo forman las palabras o expresiones inglesas que, como resultado de una traducción directa motivada por su facilidad aparente, den origen con frecuencia a traducciones incorrectas, inciertas, problemáticas o mejorables en nuestro idioma. Y estas son las ‘dudas’ que se comentan en el diccionario.
¿Por qué un diccionario crítico?
Como traductor profesional, estoy ya suficientemente escarmentado de diccionarios simplistas y dogmáticos como para intentar añadir ahora uno más a la lista. Siempre tuve claro, desde un principio, que el mío habría de ser un diccionario crítico y razonado.
Nada más lejos de mi ánimo que intentar convencer a nadie de que en ningún caso puedan usarse palabras como ‘controlar’, ‘test’, ‘escáner’, ‘Western blot’ o ‘baipás’. Mucho más interesa mostrar al traductor que para estos y otros anglicismos existen otras posibilidades de traducción —en muchas ocasiones más adecuadas o preferibles por diversos motivos—, así como comentar los principales problemas que plantea la traducción al español de muchas palabras y expresiones inglesas en apariencia sencillas, como acute abdomen, adrenaline, athlete’s foot, clinics, growth hormone, hay fever o sleeping disease.
Tampoco pretendo tachar de incorrectas expresiones como ‘enfermedad cardíaca’, pero sí concienciar a los traductores de que los médicos de habla hispana llaman habitualmente ‘cardiopatía’ a lo que sus colegas británicos o estadounidenses llaman heart disease (y solo rarísima vez, por no decir nunca, cardiopathy).
Soy de los que creen que a todo traductor científico le conviene saber que el nombre oficial de la neuraminidasa es ‘exo-α-sialidasa’, que los médicos españoles llaman ‘peroné’ a la fibula de la terminología anatómica internacional, que el Macacus rhesus tan utilizado como animal de experimentación se llama hoy oficialmente Macaca mulatta, que en la moderna nomenclatura de las blastomicosis no existe ya la blastomicosis europea, o que la ortografía española prescribe la forma ‘carbamacepina’ (con c delante de la e) para la ‘carbamazepina’ oficialmente recomendada por la OMS. La decisión última de utilizar una u otra forma dependerá en cada caso del tipo de texto traducido, del público al que vaya destinada la traducción y, por supuesto, del criterio personal del propio traductor. Lo que no parece lógico es traducir, como suele ser el caso en un diccionarios médico al uso, glucose por ‘glucosa’ y dextrose por ‘dextrosa’ sin indicar que se trata de sinónimos estrictos, dos nombres distintos de un mismo hidrato de carbono.
En muchas entradas de este diccionario, el lector encontrará, pues, un comentario crítico sobre el uso habitual entre los médicos, las normas ortográficas básicas de nuestro idioma, las recomendaciones oficiales de las nomenclaturas normalizadas y los principales organismos internacionales, así como la necesidad de precisión y claridad que debe caracterizar a todo lenguaje científico.
¿Por qué un diccionario inglés-español?
El inglés es, desde hace casi medio siglo, el idioma indiscutido de la medicina en todo el mundo. Ganas me dan de pasar directamente al siguiente apartado de esta introducción, de tan obvio como me parece que en la actualidad es imposible dedicarse a la traducción médica sin conocer el inglés. No solo porque este sea el idioma de partida en la mayor parte de las traducciones, sino también porque sin su conocimiento no se puede acceder a los principales libros de texto y las revistas con los últimos avances en cualquier campo de la medicina; es decir, sin conocer el inglés, el traductor médico se verá imposibilitado en muchos casos para aclarar las dudas que le surjan al traducir un texto médico escrito en francés, en alemán o en cualquier otro idioma moderno.
Ello no quiere decir, por supuesto, que no se topen también con multitud de dudas y palabras engañosas o difíciles los traductores que se enfrentan a un texto médico escrito en francés o en alemán. Pero me parecía especialmente urgente la necesidad de publicar, ¡por fin!, el imprescindible diccionario de dudas inglés-español que los traductores médicos reclamábamos desde hace años, y sin el cual se me hacía inconcebible el ejercicio eficaz de nuestra labor.
Ahora que hablo de los traductores médicos como destinatarios naturales de este diccionario, creo interesante puntualizar que doy a esta designación profesional su sentido más amplio. Es cierto que la enseñanza de la traducción médica no forma parte de los planes de estudios de nuestras facultades, y que son pocos los médicos que, como yo, se dedican de forma profesional a esta actividad, pero no menos cierto es también que la mayor parte de los médicos españoles e hispanoamericanos la ejercen con frecuencia de manera informal durante sus estudios universitarios y a lo largo de su carrera profesional. Las publicaciones médicas en lengua española, nadie puede negarlo, son hoy en gran medida el resultado de un proceso de traducción a partir del inglés. No me refiero al hecho de que una cuarta parte de los libros de medicina editados en los países de habla hispana correspondan a traducciones de obras extranjeras; me refiero sobre todo a que la mayoría de los artículos médicos publicados en nuestras revistas especializadas incorporan más de un 80% de las referencias bibliográficas en inglés. Debemos aceptar, pues, que en países como los nuestros, de ciencia secundaria y dependiente, todo autor médico es en buena medida también traductor. Y no parece descabellado pensar que dentro de unos años la traducción médica y la redacción médica, como sucedió hace una generación con la historia de la medicina, adquieran en nuestro medio el reconocimiento debido como especialidades médicas de pleno derecho.
Me interesa asimismo dar respuesta a otra pregunta que seguramente se habrá planteado más de un lector:
—Inglés-español, de acuerdo; pero, ¿qué inglés y qué español?
Aquí, como en muchos otros aspectos, mi elección estuvo en gran parte determinada por mi circunstancia personal. Como traductor médico con amplia experiencia de trabajo con multinacionales farmacéuticas y organismos internacionales, estoy bien familiarizado con el problema planteado por muchas palabras inglesas con distinto significado a uno y otro lado del Atlántico.
La palabra billion, es bien sabido, corresponde a un billón en Inglaterra, pero solo a mil millones en los Estados Unidos; los pants son calzoncillos para un lord inglés, pero pantalones para un californiano; el gallon británico equivale a 4,55 litros, mientras que el estadounidense solo equivale a 3,79 litros; una nursing-home es una clínica particular en Inglaterra, pero una residencia de ancianos en los Estados Unidos; el título MD equivale a nuestro doctorado en Oxford, pero a nuestra licenciatura en Harvard; el Surgeon General es en los Estados Unidos el director general de sanidad, mientras que en Inglaterra es el jefe del cuerpo de sanidad de la armada.
Bien conocidas son asimismo las diferencias ortográficas existentes entre el inglés británico y el norteamericano. Por lo general, al traductor apenas le preocupa que el tumour o la haematology de Londres se escriban tumor y hematology en Nueva York: total, para traducir al castellano poco importan esas pequeñeces. Conviene saber que no siempre sucede así. El anaesthetist británico, por ejemplo, corresponde a nuestro anestesista (es decir, un médico especializado en anestesia), mientras que el anesthetist norteamericano es un profesional autorizado a administrar la anestesia a los pacientes, pero que no posee el título de médico (si fuera un médico especialista, lo llamarían anesthesiologist).
Estas diferencias de significado y muchas otras acepciones peculiares del inglés norteamericano (generalmente común a los Estados Unidos y Canadá) y el inglés británico (usado también en muchos otros países de todo el mundo) se recogen asimismo en este diccionario, precedidas de las abreviaturas correspondientes [US] y [GB].
Muy distinta fue, en la primera edición del diccionario, mi actitud con respecto a las diferencias entre el español de uno y otro lado del Atlántico. Nacido y criado en España, formado como médico en la Universidad de Salamanca y en el Hospital Marqués de Valdecilla de Santander, era lógico que en mi diccionario se reflejara fundamentalmente el lenguaje médico que se habla en las facultades, hospitales y consultorios españoles, el lenguaje médico que se escribe en nuestras revistas científicas y en nuestros libros de texto. Trece años después, mi conocimiento personal de las variedades diatópicas del español ha aumentado considerablemente, y, en consonancia, el Diccionario de dudas y dificultades presta ahora también especial atención a este aspecto, como explico con más detalle en los párrafos finales del «Prólogo a la tercera edición» (v. anteriormente).
¿Por qué un diccionario médico?
Esta pregunta es perfectamente legítima para el lector, lo admito, pero para mí es innecesaria. Médico especialista de formación y traductor médico de profesión, no sería lógico que preparara un diccionario de heráldica, apicultura, fontanería o arte etrusco (con todos mis respetos, claro está, para los cultivadores de tales disciplinas).
Claro que la cosa tampoco es tan sencilla, pues un diccionario médico ha de dar cabida por fuerza a muchos vocablos de traducción engañosa que aparecen con frecuencia en los textos médicos, pero que uno solamente a duras penas asignaría de entrada al lenguaje de la medicina. Es el caso de palabras como actual (real), American (estadounidense), library (biblioteca), vegetables (verduras) o November (noviembre), que una y otra vez encuentra el traductor médico en sus textos. Por idéntico motivo, en este diccionario hallará el usuario miles de entradas pertenecientes no estrictamente al campo de la medicina, sino al de muchas otras ciencias afines o auxiliares: farmacia, química, bioestadística, zoología, botánica, genética, biología molecular, historia de la medicina, bibliología, derecho, etcétera.
Alguien podría pensar que, en este caso, lo correcto hubiera sido llamarlo «diccionario biomédico», «diccionario de ciencias de la salud» o alguno de estos títulos hoy tan de moda. Sencillamente, no lo he hecho así a propósito. Con el uso de este diccionario, el lector irá dándose cuenta, espero, de que uno de sus rasgos más destacados es la denuncia de los eufemismos innecesarios e interesados. No comparto las tácticas publicitarias de los laboratorios farmacéuticos, que no mencionan ya nunca la medicina (sustituida por ‘salud’, para evitar toda asociación con el concepto negativo de enfermedad o dolor) ni la química (para evitar toda asociación inconsciente con los aditivos cancerígenos o con la contaminación ambiental). Y no me gusta tampoco el proceso por el que, primero en los grandes laboratorios farmacéuticos y luego en el resto de la comunidad médica internacional, ha ido reemplazándose el nombre que se daba a la capacidad de un medicamento para producir efectos tóxicos (toxicity) en busca siempre de un vocablo con menos connotaciones negativas primero (tolerability), francamente positivo después (safety).
Personalmente, nunca he sentido que mi formación médica me impidiera consultar con provecho los diccionarios de botánica, bioquímica, genética o farmacia. No entiendo, pues, qué reparos podrían tener mis colegas de otras disciplinas para aceptar un nuevo diccionario médico, entendida esta en su más amplio sentido. Confío sinceramente en que este diccionario de inglés médico habrá de ser extraordinariamente útil no solo a médicos y estudiantes de medicina, sino también a biólogos, farmacéuticos, químicos y, sobre todo, a los traductores especializados y a los redactores científicos.
Convenciones de género gramatical
En español, a diferencia de lo que sucede en inglés, el género gramatical reviste suma importancia como recurso sintáctico para la expresión de concordancia que afecta al sustantivo, al adjetivo, a algunos pronombres, al artículo y a ciertos participios verbales usados como adjetivos. Ello nos plantea importantes problemas en lexicografía, sobre todo en relación con los sustantivos de persona.
En un diccionario bilingüe, no es complicado representar el género gramatical dentro del campo de lo inanimado, pues la mayor parte de los sustantivos de cosa corresponden a palabras de forma única y género explícito: ‘biopsia’, por ejemplo, es siempre una palabra femenina; ‘quirófano’, siempre una palabra masculina. No hay ningún problema, pues, para indicar en el diccionario bilingüe que «biopsy es ‘biopsia’», u «operation room es ‘quirófano’».
En el terreno de los sustantivos de persona, en cambio, la mayor parte de los nombres españoles son sustantivos con doble forma por género (p. ej.: el cardiólogo y la cardióloga, el bioquímico y la bioquímica) o sustantivos con forma única y género implícito (p. ej.: el dentista y la dentista, el psiquiatra y la psiquiatra). Son muy pocos los sustantivos de forma única y género explícito, que pueden aplicarse a ambos sexos sin cambiar de género gramatical, ya sea este masculino (p. ej.: bebé, cadáver, personaje, ser) o femenino (p. ej.: criatura, familia, gente, persona, víctima).
Los sustantivos de persona con variación de género gramatical constituyen un serio problema para los diccionarios bilingües. Algunos optan por hacer un uso inclusivo del masculino, que es un recurso muy extendido en el habla general para referirnos a una persona cuyo sexo se desconoce todavía (p. ej.: «espero que en este hospital haya un ginecólogo de guardia»); y escriben, por ejemplo, «neurologist es ‘neurólogo’», con el riesgo de que esta decisión se malinterprete como un sesgo sexista que invisibiliza a la mujer. Otros, en cambio, prefieren explicitar la doble forma y escriben «neurologist es ‘neurólogo’ o ‘neuróloga’» o, en forma abreviada, «neurologist es ‘neurólogo/-ga’».
Estas dos soluciones que buscan explicitar la variación de género funcionan relativamente bien en los diccionarios unilingües (donde se aplican a sustantivos aislados que forman el lema de una entrada) y en los diccionarios bilingües de planta sencilla (donde se aplican habitualmente a equivalencias directas de tan solo una o dos palabras). Pero resultan farragosas y confusas en el caso de los diccionarios bilingües de planta compleja, que recogen multitud de expresiones compuestas; por ejemplo, «a good surgeon (un buen cirujano, una buena cirujana)» (¡no digamos ya «un/a buen/a cirujano/na!). Y más farragosas y confusas aún cuando se trata de frases ejemplificadoras con varios sustantivos, adjetivos y artículos que admitan la variación de género: una frase como «Además del médico adjunto y el auxiliar administrativo, solamente pueden estar presentes el paciente ingresado y un amigo íntimo o un familiar cercano» debería recoger también las variantes «Además de la médica adjunta y el auxiliar administrativo, solamente pueden estar presentes la paciente ingresada y un amigo íntimo o una familiar cercana», «Además del médico adjunto y la auxiliar administrativa, solamente pueden estar presentes el paciente ingresado y una amiga íntima o un familiar cercano», «Además de la médica adjunta y la auxiliar administrativa, solamente pueden estar presentes la paciente ingresada y un amigo o amiga íntimos o una familiar cercana» y decenas de posibilidades más que el español admite. Lo cual, en lugar de ayudar al lector, me temo que podría llegar a confundirlo. No digamos ya si optamos por la solución de la doble opción explícita («Además del médico adjunto o la médica adjunta y el auxiliar administrativo o la auxiliar administrativa, solamente pueden estar presentes el paciente ingresado o la paciente ingresada y un amigo íntimo o una amiga íntima o un familiar cercano o una familiar cercana») o por la solución de la doble opción abreviada («Además del/de la médico/ca adjunto/ta y el/la auxiliar administrativo/-va, solamente pueden estar presentes el/la paciente ingresado/-da y un/a amigo/-ga íntimo/-ma o un/a familiar cercano/-na»).
Lo dicho para los sustantivos de persona sirve también para todos los adjetivos ingleses, tanto de persona como de cosa, pero con un grado aún mayor de complejidad. Puesto que los adjetivos tienen género y número en español, pero no en inglés. Un adjetivo como white, por ejemplo, será ‘blanca’ en white skirt (falda blanca), pero ‘blancos’ en white trousers (pantalones blancos). Se supone, pues, que un diccionario bilingüe exhaustivo no debería decir «white significa ‘blanco’», como es habitual, sino «white significa ‘blanco’, ‘blanca’, ‘blancos’ o ‘blancas’» o, en forma abreviada, «white significa ‘blanco(s)/-ca(s)’». Nuevamente, sumamente farragoso y hasta confuso, que es algo poco deseable para un diccionario.
Por eso, y desde muy antiguo, en la historia de la lexicografía han sido frecuentes las convenciones de uso tendentes a primar la simplicidad y la claridad por delante de la exhaustividad. Todo profesional habituado a consultar diccionarios unilingües sabe, por ejemplo, que ‘bisturíes’ no tiene habitualmente entrada propia, sino que debe buscarse por ‘bisturí’; ‘soy’, ‘eras’, ‘fue’, ‘seremos’ y ‘serían’ tampoco tienen entrada propia, sino que se buscan por ‘ser’; ‘librito’ se busca por ‘libro’; ‘dificilísimo’ se busca por ‘difícil’, y así tropecientas convenciones más.
Nunca he oído a nadie argumentar que el hecho de que las distintas formas verbales se consulten por el infinitivo constituya un sesgo tendente a invisibilizar las formas de conjugación en pretérito, presente, futuro o imperativo. Ni que el hecho de que los plurales del español deban consultarse por el singular suponga un sesgo de número tendente a potenciar el carácter individualista de la moderna sociedad capitalista frente a la pluralidad y el sentido de comunidad que defiende la revolución social del cristianismo, o del anarquismo. Todo el mundo parece entender sin problemas que se trata de meras convenciones de uso, ideadas para simplificar la consulta de una obra con un enfoque eminentemente práctico. No debería ser difícil interpretar del mismo modo las convenciones de género gramatical, como simples convenciones gramaticales de carácter práctico y simplificador.
En el Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico, y con el fin de evitar la farragosidad que supondría el tener que explicitar en cada caso las múltiples posibilidades de género gramatical que admite en español un término inglés o una frase inglesa, he optado por emplear las siguientes convenciones:
1. Para los lemas y las expresiones compuestas del diccionario (símbolo ●), doy normalmente como equivalencia española un solo género gramatical con carácter inclusivo o génerico. Siguiendo el uso habitual en nuestra lengua, este género inclusivo es por lo general el masculino, a excepción de los pocos casos en los que entre los hablantes se halla generalizado el uso del femenino inclusivo en representación de ambos géneros gramaticales. Las equivalencias rheumatologist (reumatólogo) y obstetric nurse (comadrona), pues, deben interpretarse en el sentido no marcado de rheumatologist (reumatólogo o reumatóloga, según el contexto) y obstetric nurse (comadrona o comadrón, según el contexto), respectivamente.
2. Para las frases ejemplificadoras (símbolo ◘), en cambio, solamente hago uso del masculino inclusivo (o, más raramente, del femenino inclusivo) cuando el ejemplo hace referencia a un grupo mixto de varones y mujeres o a una persona de sexo indeterminado o desconocido. En todos los demás casos, procuro alternar ejemplos en los que un sustantivo inglés corresponda a un masculino marcado y otros en los que corresponda a un femenino marcado, para que el lector no olvide en ningún momento que el paso del inglés al español obliga en esta última lengua a decidir cuál es el género gramatical pertinente. Ante palabras como child y doctor, por consiguiente, encontraremos en el diccionario frases ejemplificadoras como My child is badly injured (mi hijo está gravemente herido) y The doctor ordered complete rest (la médica le prescribió reposo absoluto) junto a otras como She was often ill as a child (de pequeña se ponía enferma con frecuencia) y The doctor put the patient out for surgery (el médico anestesió a la paciente para la intervención quirúrgica).
Todo ello, por supuesto, sin perjuicio de que, cuando lo he considerado útil o conveniente para el lector, haya podido incorporar en algunas entradas comentarios más detallados sobre problemas específicos de traducción que plantea el paso de una lengua sin apenas vestigios de género gramatical, como el inglés, a otra donde el género gramatical está muy presente, como el español. Véanse, a modo de ejemplo, las consideraciones que hago en la primera observación de uso (símbolo ►►) de la entrada Dr. o en la observación de uso (símbolo ►) a la primera acepción, subacepción a), de la entrada nurse.
Prefacio de la Dra. Carla Vorsatz a la primera edición brasileña
Cuando, en vísperas de la pandemia, a finales de 2019, recibí de Fernando Navarro la invitación a hacer la edición brasileña de su célebre Libro rojo, supe inmediatamente que estaba frente a una tarea hercúlea, pero más que necesaria.
Hercúlea por la calidad de la obra, su tamaño y la naturaleza del trabajo que me encargó: no quería una traducción de su diccionario, sino una obra derivada, una edición brasileña de su diccionario.
Naturalmente lisonjeada, acepté el desafío.
Después de todo, como Navarro, tengo una doble formación: como traductora, dueña de una pequeña empresa de traducción médica desde 1996, y como médica, con una especialización en enfermedades infecciosas y parasitarias, y amplia experiencia en la investigación clínica y la medicina de urgencias, lo que me pareció cualificación suficiente.
La gran cercanía entre ambas lenguas romances muchas veces me hizo avergonzarme ante nuestra colonización por el inglés. La fidelidad hispánica a nuestras raíces románicas, utilísima en el vocabulario médico de origen grecolatino, fue lo que me llevó a elegir las opciones que me parecían más apropiadas para mi tarea, como por ejemplo estas: el ácido desoxirribonucleico es llamado ADN y el ácido ribonucleico es llamado ARN, en vez de DNA y RNA, al igual que todos sus derivados (ARN mensajero = ARNm, etc.). Los términos para los virus y las enfermedades que estos provocan, inclusive sus siglas, son traducidos al portugués, en caso de que ya estén registrados en el Vocabulario ortográfico de la lengua portuguesa (VOLP) o recogidos en los principales diccionarios brasileños. Lo mismo sucede con los extranjerismos: cuando son aceptados por la norma, aquí se escriben debidamente en cursiva, como el tan habitual abstract. Todas las opciones ortográficas son las del VOLP.
El hilo conductor de la traducción es ofrecer en determinado idioma informaciones provenientes de otro idioma a lectores y oyentes monolingües. Por consiguiente, no tiene el menor sentido importar vocablos, falsos amigos y estructuras sintácticas y semánticas del idioma original para insertarlos en el idioma al que se está traduciendo. Esta es la trampa en la que caen los bilingües que no son traductores.
Navarro nos revela cada una de esas trampas con claridad y concisión en el universo de las traducción médica, ofreciendo las mejores opciones de traducción y comentando las alternativas erróneas ya consagradas por el uso. La idea no es crear nuevos dogmas, sino acompañar el movimiento natural de la lengua sin permitir que se destruya, como ya sucede con tantas otras. Y para eso el tono es el de una conversación entre amigos, en el salón de la casa, donde hablamos de un asunto que nos interesa.
¡Y cómo nos interesa!
Este es el primer diccionario de traducción médica en portugués.
Sin duda existen muchos diccionarios médicos, antiguos, concebidos por médicos eruditos y dirigidos a los propios médicos, verdaderas exquisiteces lexicográficas, etimológicas y vernaculares. Son valiosísimos para nuestra cultura médica, pero resultan abstrusos para los traductores. Ya existen algunos pequeños diccionarios, algunos bilingües, hechos por traductores, ninguno de un solo autor.
También existen diccionarios médicos contemporáneos en otros idiomas, que aunque tengan un innegable valor para el traductor médico y el estudiante de medicina, como han sido traducidos por varios traductores, resultan bastante heterogéneos en su vocabulario y terminología.
Nuestro diccionario es diferente por cuanto está hecho por y para médicos y traductores médicos. Además, es un diccionario sobre dudas y dificultades de traducción médica, lo que lo vuelve todavía más peculiar. La edición brasileña del original inglés-español la elabora una médica y traductora médica brasileña que siempre trabajó en Brasil.
A mi entender, esto nos aporta una factor diferenciador en lo que se refiere a recursos instrumentales para la redacción médico-científica entre el inglés y el portugués, posibilitándonos la excelencia en nuestro ámbito de conocimiento en los dos idiomas.
No por casualidad el lanzamiento del Dicionário de dúvidas e dificuldades da tradução médica do inglês para o português estuvo a cargo de la Asociación Brasileña de Traductores e Intérpretas (Abrates) con el apoyo del Sindicato Nacional de Tradutores (Sintra), a los cuales extiendo mis más profundos agradecimientos en la figura de sus presidentes, Giovanna Lester y Ana Beatriz Caldeira Ferreira Braga Dinucci, respectivamente.
No sería posible terminar este prólogo sin hablar del aspecto más revolucionario de este diccionario: está vivo. Sí: vivo, y es palpitante, cambiante e interactivo. Por ser exclusivamente digital, todas las entradas tienen al pie de la página un formulario de contacto para dudas, sugerencias, críticas y propuestas de términos que querríais que constaran en el diccionario, datos sobre regionalismos, otras formas de hablar en otras variantes de portugués, críticas, sugerencias de enmiendas, etcétera. Respondo a todos los mensajes, y en la respuesta informo de decisiones ya tomadas (un pequeño error de puntuación ya corregido en pantalla) o que van a ser tomadas (si figurarán o no en una próxima edición y cuándo). Los nombres de todas las personas que colaboran quedan para siempre registrados en los agradecimientos de cada edición.
Finalmente, no dejen de leer el prefacio a las ediciones españolas, por favor. Allí, Navarro explica en detalle el uso del diccionario, lo que significa cada símbolo, su historia, las opciones lexicográficas, todo lo necesario para que el diccionario sea usado con facilidad y maestría.
¡Buen provecho!
Dedicatoria
Dominique Perrot, for all and everything.
Agradecimientos
En primer lugar, a las hijas amadas que la vida me dio junto con sus amores, Anaik y Tato, y Laís y Jaime, y a mi nieto Oliver; a los seres amados que el destino me trajo después, mi hija Ana Paula Keila y mi nieta, su hija Mila; y a mi nieto Tomás, con quienes comparto mi vida y que mantienen siempre cálido mi corazón.
A mi muy querida maestra y amiga, la Dra. Jacqueline Anita de Menezes, que me inició, instruyó y acompañó en los caminos de la traducción médica y con quien aprendí y continúo aprendiendo los meandros del oficio.
A todos mis pacientes, que me enseñaron la práctica médica y me dieron su confianza, el privilegio de ocuparme de su salud, y me abrieron las puertas a su intimidad, lo que siempre me hizo sentir honrada como profesional y como ser humano.
Y, last, but not least, a Fernando Navarro, por haberme dado el enorme presente de traer el Libro rojo a mi idioma, a mi país y mi vida, con su infinita gentileza y cordialidad; y al inestimable y siempre caluroso auxilio de José Antonio de la Riva Fort, por su apoyo incondicional, su buena voluntad imbatible y sonrisa iluminada, cuya compañía en este viaje lo ha vuelto posible y agradabilísimo; y a Constanza Cervino, cuya suavidad, capacidad profesional, complicidad, empeño, compromiso con la edición brasileña e incansable dedicación hicieron toda la diferencia.
Agradecimientos de la versión 1.02
El 9 de abril, Medscape Português comenzó a publicar semanalmente textos inéditos del Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico al portugués o DDD, incluso antes del lanzamiento del 14 de mayo de 2022. Mi más sincero agradecimiento por su apoyo y ánimo.
También quiero dejar constancia de mi agradecimiento por el apoyo prestado por Abrates (Asociación Brasileña de Traductores e Intérpretes), Sintra (Sindicato Nacional de Traductores e Intérpretes), y HighFive, empresa responsable de la brillante interpretación simultánea del acto, con el apoyo de Tradusa - Encuentros - Cursos - Talleres, por haber realizado el lanzamiento del Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico al portugués el 14 de mayo de 2022. Además, Abrates hizo accesible durante 30 días una grabación del lanzamiento en su canal de YouTube, un motivo adicional de gratitud. Mi reconocimiento a Giovanna Lester, Eleonora Nascimento de Alcântara Barros, Bruno Murtinho y Reinaldo Rocha, y a Cátia Santana, respectivamente, así como a Damiana Rosa, y a los intérpretes coordinados por Norma Medina: los intérpretes de español y portugués Meg Batalha y Enrique Julio Romera, y los intérpretes en lenguaje de señas Karoline Andrade, Suzana Souza y Marlon Soares.
También me gustaría agradecer al director de Cosnautas, el Dr. José Antonio de la Riva Fort, y a Constanza Cervino por formar parte de la mesa de lanzamiento y presentar los diferentes aspectos involucrados en la difícil tarea de transformar el inigualable Libro Rojo en una edición brasileña que responda a las necesidades del público de habla portuguesa.
Y, por supuesto, al Dr. Fernando A. Navarro, autor del Libro Rojo original, del que la edición brasileña es una obra derivada, mi más sincero reconocimiento y profunda gratitud por haberme confiado la tarea de hacer accesible a Brasil y a los lusófonos de todo el mundo el inestimable valor de su obra.
Colaboradores de la versión 1.12
Debora Blanco
Colaboradores de la versión 1.11
Mirtes Pinheiro
Colaboradores de la versión 1.06
Ana Elisa Igel, Ana Maciel, Ana Maria Barreiros, Anthonio João, Carolina Ribeiro, Cátia Santana, Claudia Corbusier, Claudia Dornelles, Christiane Karydakis, Daniel Fernandes, Dawn Taylor, Ester Dodo, Estevam Sampaio Rebouças, Giovana Lester, Jacqueline Anita de Menezes, Joana Bernardes dos Santos, Joaquim Bezerra, Júlio César Leites Rodriguez, Karine Souto, Kathleen Goldsmith Killing, Kelly Elizeu, Lavinia Gondim, Leonardo Faria , Luiz Sérgio de Oliveira, Marcos Henrique Martins, Maria Aparecida Amim de Carvalho, Maria Dolores Wanderley, Maria Helena Almeida Pereira, Miriã Carper, Mateus Baldi, Mirtes Pinheiro, Monica Carneiro, Norma Medina, Patrícia Gimenez Camargo, Rached Cavalcanti, Rhuan Contardi, Sofia Pulici, Sonia M Joventino, Talita Domiciano, Talitha Bittencourt Austin, Thaiane Assumpcao, Vera Lucia de Godoy Bueno Larsson, Vinicius Carvalho, Virginia Lovisolo
Colaboradores de la versión 1.05
Alan Dalles, Beatriz Araujo do Rosário, Debora Branco, Jacqueline Anita de Menezes, Laura Bocco, Marcia Gouveia, Marisol Mandarino, Nilo Sérgio Loja da Silva, Paulo César Hoffman Dorna, Ricardo Bertoni, Talita Domiciano
Colaboradores de la versión 1.04
Bruno de Carvalho, Carlos Garrido Rodrigues, Laís Volp, Marcelo de Oliveira Lima
Colaboradores de la versión 1.03
Ana Paula Keila Vicente Vieira, José Ernando Souza Filho, Kenny Hernandez, Laura Bocco, Marcelo Lima
Colaboradores de la versión 1.02
Gisele Klein, Elionai Paes, Cátia Santana, Bernardo Schubsky, Leoleli Schwartz, Ana Paula Keila Vicente Vieira y Laís Volp
Colaboradores de la versión 1.01
Americo Grilo, Ana Paula Keila Vicente Vieira, Chadwick Wenga, Claudia Yanomine, Constanza Cervino, Cristina de Amorim Machado, Fabio Santana, Juan Manuel Igea, Kenny Hernandez, Laís Volp, Luiz Carlos Fraga, Marisol Mandarino
